Pues sí, resulta que entre todos los partidos políticos se gastan, aproximadamente, 40 millones de euros para decir más de lo mismo y de la misma forma, y resulta que un grupo de gente con tarifa plana llena las portadas, las calles y trae aire fresco.
No pretenden ganar elecciones, no saben a ciencia cierta qué es lo que quieren, pero dan un aviso y dicen que estamos hartos, que esto no va por buen camino, que no quieren más corrupción ni políticos ineptos. Dan un puñetazo en la mesa usando como puño las redes sociales y se plantan en las plazas de varias ciudades hasta, seamos pesimistas, 50000 personas sin otra adscripción que querer un futuro mejor.
Problema: cada uno reclama un futuro distinto, no canalizan ni concretan nada y esa es su arma de doble filo: si alguien se erige en líder se acabará la movilización tal y como surgió, si nadie canaliza esa fuerza, esta se disipará.
Hacen mal los políticos en despreciar esta movilización. La izquierda consideró durante unas horas que no eran más que un grupo de jóvenes de botellón –ojo que son mis palabras puestas en boca de otros – y, al ver el perfil del manifestante, han empezado a tontear y trata de seducirlos. No han entendido nada: no es una protesta contra el gobierno ni contra ningún partido en concreto, es una protesta contra un sistema político degradado o, al menos, obsoleto.
El PP - haciendo oídos sordos como es habitual en ellos y por boca de Rajoy esta vez – dice que es muy fácil criticar a la política y a los políticos: Coño, es que nos lo están poniendo muy fácil. Repito: corrupción, ineptitud, pasividad, cortos de miras…Y esto todos los partidos que están tocando el pelo del poder.
Su mayor fortaleza es su debilidad: la utopía. No existen objetivos concretos más allá de propuestas generalistas, idealistas y de difícil concreción. Algunas de ellas muy “perroflauticas”. No existe un dictador al que derrocar, no es posible modificar una constitución ya obsoleta, no es posible modificar la ley de partidos para tener listas abiertas, por ejemplo, y no son posibles muchas cosas más. Quizá por ello se rebelan –nos rebelamos- de esta forma.
Hace un tiempo hablaba de que me parecía imposible que en un país con un 20% de paro no hubieran revueltas sociales. Bien, aquí las tenemos y no han sido los parados, han sido los jóvenes quienes nos han dicho que se está perdiendo una generación, que ellos también están parados, que quieren poder acceder a una casa, a unos servicios sociales y tener un futuro.
¿Nos suena esto? Pues sí, nos suena a que cuando éramos jóvenes – aunque yo llevo mucho tiempo siéndolo – era lo mismo que nosotros pedíamos. Es lo que pedimos para nuestros hijos y lo que los partidos políticos nos dan en sus programas, mítines y promesas varias. ¿Cuál es la diferencia? Que antes pedíamos y esperábamos que nos lo dieran y si no nos lo daban, pues a seguir esperando que nos lo dieran los mismos o a esperar que nos lo den otros.
Ahora en la calle piden que lo quieren y lo quieren ya. Que den la cara, que actúen, que hagan algo. ¿Lo harán? No, aunque prometerán que lo harán. Es decir: más de lo mismo pero, creo, que ahora no les creerán y se lo diremos en la carita.
¿Y los medios de comunicación? Sí esos que tanto pábulo –me sorprendo a mí mismo utilizando con coherencia esta palabra – daban a las revoluciones árabes, ya saben: Primavera Árabe le llamaban. ¿Dónde están ahora? Bueno ahora sí que están en la Puerta del Sol pero les ha costado reaccionar y muchos de ellos siguen viéndolo como grupos de estudiantes de botellón –ahora sí que no son palabras mías –.
¿Dónde acabará esto? No lo sé, pero intuyo que algo nuevo está surgiendo y que para las próximas generales irá creciendo. ¿Cuánto crecerá? Depende de muchos factores pero sí puedo decirles que internet cambiar la forma de ver el mundo, así que…pónganse gafas nuevas con wifi incluida.
Así está el mundo, así lo veo yo y así trato de contárselo.